Juanjo encendió el ordenador y entró en Wikipedia, abrió el artículo sobre el presidente del gobierno y publicó la fecha de su muerte: aquel mismo día. Una hora después, desde la azotea de un céntrico edificio ubicado en una de las principales avenidas de la ciudad, apretó el gatillo para, instantes después, ver a través de la mira telescópica cómo reventaba el presidencial cráneo. Por fin había sido el primero en actualizar internet con la muerte de una celebridad. Se pudriría entre rejas con la satisfacción que le daría de por vida haber tenido la exclusiva de un hecho histórico.
Chuelo

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